Septiembre tiene algo de comienzo.
Volvemos de las vacaciones, recuperamos horarios y aparecen agendas nuevas, proyectos, cursos, gimnasios, listas de objetivos y esa sensación colectiva de que ahora sí deberíamos poner nuestra vida en orden.
Y quizá precisamente ahí empieza el problema.
Porque una cosa es aprovechar septiembre para recuperar cierta estructura y otra convertirlo en una carrera por mejorar todas las áreas de nuestra vida a la vez.
No necesitamos empezar septiembre siendo nuestra mejor versión.
Cuando empezar de nuevo se convierte en exigencia
Los nuevos comienzos pueden ilusionarnos. Nos ayudan a imaginar posibilidades y a preguntarnos hacia dónde queremos dirigirnos.
Pero también pueden despertar nuestra parte más exigente:
Este año tengo que organizarme mejor.
Tengo que hacer más deporte.
Tengo que trabajar más.
Tengo que cuidarme.
Tengo que leer, aprender, viajar, ahorrar, meditar…
Incluso el crecimiento personal puede convertirse, paradójicamente, en otra forma de presión. A veces, detrás de esa necesidad constante de mejorar también puede aparecer la sensación de que todavía no somos suficientes.
La psicóloga Kristin Neff, una de las principales investigadoras sobre autocompasión, propone una alternativa interesante: aprender a relacionarnos con nuestras dificultades desde la amabilidad, y no únicamente desde la exigencia.
Quizá septiembre no necesite tanta disciplina como pensamos. Quizá necesite también curiosidad, paciencia y espacio para ir encontrando nuestro ritmo.
Ir poco a poco también es avanzar
Carl Rogers entendía el crecimiento personal como un proceso. No como la construcción acelerada de una versión perfecta de nosotros mismos, sino como un movimiento progresivo hacia una vida más auténtica.
Por eso, al comenzar septiembre podemos preguntarnos no solamente:
¿Qué quiero conseguir este curso?
Sino también:
¿Cómo quiero vivir mientras intento conseguirlo?
Porque no tendría demasiado sentido alcanzar nuestros objetivos si para hacerlo necesitamos vivir permanentemente cansados, acelerados o desconectados de nosotros mismos.
Podemos empezar una actividad que nos ilusione. Recuperar una rutina que nos hacía bien. Aprender algo nuevo. Retomar un proyecto que habíamos dejado aparcado.
Pero no hace falta hacerlo todo durante la primera semana de septiembre.
Podemos dejar que las rutinas vayan encontrando su lugar poco a poco.
Dejar un poco de caos dentro del orden
Organizarnos puede proporcionarnos seguridad y ayudarnos a cuidar aquello que consideramos importante.
Pero una vida saludable también necesita cierto espacio sin organizar.
Una tarde que todavía no sabemos cómo utilizaremos. Un paseo sin objetivo. Cambiar un plan. Improvisar una cena. Quedarnos descansando cuando pensábamos hacer otra cosa.
No todo nuestro tiempo necesita convertirse en tiempo productivo.
El filósofo Byung-Chul Han ha reflexionado sobre cómo la cultura contemporánea del rendimiento puede llevarnos a convertirnos en nuestros propios supervisores: siempre intentando optimizar nuestro trabajo, nuestro cuerpo, nuestras relaciones e incluso nuestro bienestar.
A veces podemos acabar haciendo del propio autocuidado otra tarea más de nuestra lista.
Por eso, dejar espacios vacíos también puede ser una forma de cuidarnos.
Crear pequeñas “minivacaciones” durante la semana
Quizá uno de los aprendizajes que podemos llevarnos del verano sea recordar que necesitamos momentos en los que nuestra vida no esté organizada únicamente alrededor de obligaciones.
Y no tenemos por qué esperar hasta las próximas vacaciones.
Podemos crear pequeñas pausas dentro de nuestra semana: una tarde libre, desayunar tranquilamente, acercarnos a la naturaleza, leer simplemente porque nos apetece, cocinar algo especial, pasar tiempo con alguien que queremos o reservar unas horas solamente para nosotros.
El descanso no debería ser únicamente el premio que recibimos cuando hemos terminado todo.
Porque casi nunca terminamos todo.
Podemos aprender a incorporarlo como parte de nuestra manera de vivir.
Elegir hacia dónde queremos dirigirnos
Septiembre también puede ser un buen momento para detenernos y mirar un poco más lejos.
Rollo May entendía que vivir implica elegir. Y elegir significa también aceptar que no podemos desarrollar todas nuestras posibilidades al mismo tiempo.
Quizá por eso una pregunta más interesante que elaborar una lista interminable de objetivos sea:
¿Hacia dónde quiero dirigirme este curso?
¿Qué merece realmente mi energía?
¿Qué quiero cuidar?
¿Qué me gustaría aprender?
¿Qué relaciones quiero nutrir?
¿Qué parte de mi vida necesita más espacio?
¿Qué podría ayudarme a crecer durante los próximos meses?
Tal vez descubramos que tenemos tres prioridades y no quince.
Y eso puede ser suficiente.
Un septiembre un poco más humano
No necesitamos regresar de las vacaciones completamente renovados.
Podemos volver cansados, ilusionados, desordenados, nostálgicos, llenos de ideas o sin tener todavía demasiado claro qué queremos.
Septiembre no tiene por qué ser el mes en el que ponemos nuestra vida perfectamente en orden.
Puede ser simplemente un momento para volver a orientarnos.
Recuperar poco a poco nuestras rutinas. Empezar aquello que nos hace ilusión. Proteger nuestros espacios de descanso. Dejar sitio para lo inesperado. Y decidir qué merece verdaderamente nuestra atención durante este nuevo curso.
Porque quizá crecer no consista en llenar cada vez más nuestra agenda.
Quizá también tenga que ver con aprender a elegir qué queremos poner dentro de ella y qué queremos dejar fuera.
Y empezar, tranquilamente, desde ahí.
Si este comienzo de curso también te está llevando a replantearte cómo quieres vivir, qué quieres cuidar o hacia dónde quieres crecer, en Cardamom & Psique trabajamos el desarrollo personal desde un espacio de psicología online, acompañando estos procesos de cambio, autoconocimiento y cuidado interior.