A veces hay momentos en la vida en los que dejamos de reconocernos del todo.
Cambian nuestras prioridades.
Nuestra forma de relacionarnos.
Las cosas que antes parecían importantes.
Incluso la manera en la que sentimos, pensamos o habitamos los vínculos.
Y muchas personas viven esto con miedo.
“Ya no soy quien era.”
“No sé qué me está pasando.”
“Siento que estoy cambiando demasiado.”
Pero quizá la pregunta no es por qué estás cambiando.
Quizá la pregunta es:
¿Quién nos enseñó que la identidad debía permanecer siempre igual?
Desde distintas corrientes de la psicología —humanista, existencial y relacional— la identidad no se entiende como algo rígido o definitivo, sino como un proceso vivo, dinámico y en constante transformación.
Y entender esto puede cambiar profundamente la forma en la que nos relacionamos con nosotros mismos.
La idea de una identidad fija puede generar mucho sufrimiento
Vivimos en una cultura que muchas veces nos empuja a definirnos constantemente.
Quién eres.
Qué quieres.
Cómo deberías ser.
Cuál es “tu versión auténtica”.
Pero la experiencia humana rara vez funciona de una manera tan lineal.
Hay etapas en las que necesitamos protegernos más.
Momentos en los que nos adaptamos para sostener vínculos importantes.
Épocas donde sobrevivimos emocionalmente haciendo lo que podemos con las herramientas que tenemos.
Y eso también forma parte de nuestra identidad.
El problema aparece cuando creemos que cambiar significa traicionarnos.
Porque entonces cualquier transformación interna se vive como una amenaza.
Carl Rogers y la autenticidad: la identidad como proceso
El psicólogo humanista Carl Rogers hablaba de algo muy importante:
Las personas tenemos una tendencia natural hacia el crecimiento y la autenticidad.
Pero muchas veces aprendemos a alejarnos de nosotros mismos para obtener aceptación, amor o seguridad.
Poco a poco empezamos a construir versiones más adaptadas:
- lo que los demás esperan
- lo que “deberíamos” sentir
- la forma correcta de comportarnos
- aquello que evita conflicto o rechazo
Y sin darnos cuenta, comenzamos a vivir desde una identidad más rígida y menos conectada con nuestra experiencia real.
Por eso en terapia muchas personas sienten algo difícil de explicar:
“No sé exactamente cuándo pasó, pero siento que me alejé de mí.”
Rogers entendía la identidad como algo flexible, que puede reorganizarse cuando encontramos espacios donde sentimos suficiente seguridad para mostrarnos con mayor autenticidad.
En muchos procesos terapéuticos no se trata de “convertirte en otra persona”.
Se trata de dejar de sostener versiones de ti que ya no necesitas
El falso self: cuando adaptarse se convierte en supervivencia
El psicoanalista Donald Winnicott desarrolló el concepto de “falso self”.
Una idea muy interesante para comprender por qué a veces sentimos que actuamos de una manera que no termina de representarnos.
El falso self no aparece porque haya algo malo en nosotros.
Muchas veces aparece como una forma inteligente de adaptación:
- para sostener el vínculo
- evitar rechazo
- sentir pertenencia
- protegernos emocionalmente
Muchas personas aprenden desde muy pequeñas a:
- no molestar demasiado
- mostrarse fuertes
- agradar
- ocultar emociones
- adaptarse constantemente al entorno
Y con el tiempo, esa adaptación puede volverse tan automática que resulta difícil distinguir:
- qué partes nacen realmente de uno mismo
- y cuáles fueron construidas para sobrevivir
Esto se ve muchísimo tanto en procesos individuales como en terapia de pareja online.
Personas que sienten que en relación dejan de ser ellas mismas, pero no necesariamente porque la otra persona sea “el problema”, sino porque ciertos vínculos activan antiguas formas de adaptación.
Erik Erikson: la identidad también cambia con las etapas vitales
El psicólogo Erik Erikson explicaba que la identidad no se construye una sola vez.
Va transformándose a lo largo de toda la vida
Hay experiencias que inevitablemente nos cambian:
- una ruptura
- la maternidad o paternidad
- migrar
- perder a alguien
- una crisis emocional
- enamorarse
- cambiar de trabajo
- comenzar un proceso terapéutico
Y muchas veces el sufrimiento aparece porque intentamos seguir siendo quienes éramos antes.
Como si cambiar fuese una señal de incoherencia.
Pero quizá no eres incoherente por transformarte
Quizá estás respondiendo a una nueva etapa de tu vida.
Irvin Yalom y las crisis existenciales
El psiquiatra existencial Irvin D. Yalom hablaba de cómo ciertas preguntas profundas aparecen inevitablemente en algunos momentos de la vida:
- quién soy
- qué sentido tiene mi vida
- qué deseo realmente
- cómo quiero relacionarme
- qué partes de mí ya no encajan
Y aunque estas preguntas pueden generar angustia, también pueden abrir procesos de transformación muy importantes.
A veces la sensación de vacío no significa que estés roto
A veces significa que la identidad desde la que estabas viviendo ya no puede sostenerte de la misma manera.
La identidad como reencuentro
Quizá una de las formas más amables de entender el cambio es pensar la identidad no como algo fijo que debes encontrar, sino como una relación viva contigo mismo.
Hay partes de nosotros que aparecen en ciertos contextos.
Otras que desaparecen durante años.
Y otras que emergen cuando por fin sentimos suficiente seguridad para existir de otra manera.
Por eso algunas personas, después de empezar un proceso terapéutico, dicen cosas como:
- “Siento que estoy volviendo a mí.”
- “Estoy recuperando partes que había olvidado.”
- “Ahora reacciono diferente.”
- “Ya no necesito esconderme tanto.”
Y quizá eso no es perder identidad
Quizá es empezar a relacionarte contigo desde un lugar más auténtico y flexible.
Aprender a cambiar sin sentir que te traicionas
La identidad no tiene por qué ser una cárcel.
Podemos cambiar de opinión.
Cambiar nuestra forma de vincularnos.
Descubrir nuevos deseos.
Replantearnos quiénes somos.
Y eso no significa necesariamente que antes fuéramos falsos.
A veces simplemente significa que seguimos creciendo
En muchos procesos de psicología online, el trabajo no consiste en construir una personalidad perfecta.
Consiste en crear suficiente espacio interno para poder escucharte con más honestidad.
Y quizá ahí empieza algo importante:
no la búsqueda de una identidad rígida,
sino la posibilidad de sentirte más vivo dentro de tu propia experiencia.